En la actualidad, el cooperativismo se presenta, según los estudios recientes, como una eficaz herramienta para la creación de empleo en igualdad de hombres y mujeres, un empleo sostenible y de calidad que ha logrado hacer frente a la crisis, con experiencias societarias de diferentes dimensiones que operan en todos los sectores de actividad y con un impacto sorprendente en nuestro PIB autonómico (6,1% del PIB), a pesar de no suponer ni el 1% de las empresas de la Comunitat Valenciana.
Con todas estas fortalezas, entonces ¿porqué no existe una apuesta decidida de las instituciones por este sector?
El cooperativismo encara grandes retos para el futuro próximo, si quiere configurarse como una decidida alternativa societaria y organizativa a los modelos tradicionales de empresa de capital. Y, para ello, será necesario crear un estado de opinión, tanto en la ciudadanía como en las organizaciones políticas, que dejen patente la potente y avanzada propuesta de valor del modelo cooperativista, así como sus ventajas competitivas en el entorno socioeconómico actual. Y esto, creo que no se puede conseguir si no se construye el tripartito de concepto-acción que se menciona en el título de estas líneas de reflexión: asociacionismo, comunicación y poder.

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